A feast of classical liberal thought: Mont Pelerin Society in Stockholm

Last week, Stockholm hosted a special meeting of the Mont Pelerin Society (MPS) on the populist threats to the free society. MPS meetings are held under Chatham House rules, which means I cannot report in any detail about the proceedings. Yet a few impressions can be shared.

I have been a MPS member since 2010, when my nomination was accepted at the end of the general meeting in Sydney. In those days the old rules still applied, which meant you had to attend three meetings before you could be nominated for membership. However, this strict rule led to the erosion of the membership base (the MPS was literally starving out), so the rules to join as a member have been made easier.

My first MPS meeting was in Guatemala City, in 2006. I had participated in the essay contest for young scholars which is always organized in the run-up to the bi-annual General Meetings. As a runner-up I won free entry to the meeting. I happened to be in the south of the USA in the weeks before, doing PhD research at the Mises Institute in Alabama, so could easily make the trip to Central America. Because I lived in Manila during those years, I could also easily attend the 2008 meeting in Tokyo.

I had are number of reasons for wanting to join the MPS. First of all, the quality of the meetings offer a great chance to listen to and speak with the leading scholars within current classical liberalism. Increasingly multidisciplinary (back in the old days the economists dominated), the programme committees of the MPS Meetings always succeed in attracting an impressive crowd of high quality speakers and commentators from across the globe. I always find this a great intellectual treat. Second, the meetings are characterized by extremely pleasant and open atmospheres. Everybody mingles with everybody, you can talk with everybody, no matter your age, or academic background. Thirdly, the meetings take place across the globe, so they offer a great opportunity to travel and see places. Although it must be added that even when you do not stay at the conference hotel, the meetings are never very cheap, so it remains an investment. Fourth, for a Hayekian like myself, it feels very good to be a member of the society founded by the master himself, which had and has such an illustrious membership, ever since its beginnings 70 years ago.

Besides the big one week General Meetings held every two years, there are shorter regional or special meetings in the other years. Last week’s MPS meeting in Stockholm was a special meeting, very well-organized by the Ratio Institute. The theme was discussed from numerous angles, through sessions on Russia’s foreign policy, the economic issue of secular stagnation, or the danger of political Islamism. Two sessions were focused on new classical liberal ideas to counter the threats. At the opening day there was a session for young scholars to present papers. This was of course also a way to attract new talent and interest in the MPS. And at the end of the second day there was something different: beer tasting while listening to Johan Norberg. A rather splendid combination!

The speakers and commentators were high level, including MPS chair Peter Boettke (George Mason), David Schmidtz (Arizona), Deirdre McCloskey (Illinois), John Tomasi (Brown), Leszek Balcerowic (former president of Poland’s Central Bank), Russia specialist Anders Aslund, German thinker Karen Horn, Jacob Levy (McGill), Mark Pennington (Kings College London), Paul Cliteur (Leiden), Amigai Magen (Hoover Institution), and the energetic Ralf Bader (Oxford). A lineup like this guarantees a number of new insights, solid arguments, and general intellectual stimulus. Many answers were provided, yet in true academic fashion, many questions remain.

While well represented in this program, International Relations are normally a minor topic at MPS meetings, and there are not many IR scholars around (nor are sociologists or legal scholars, by the way). Personally I am convinced that the future appeal of classical liberal thought also relies on taking into account world affairs. So there is a need to keep on writing and publishing about it, to expand the basis for thought, also in the MPS. To hear about the concerns and insights of other classical liberals in other disciplines helps my thought process, besides remaining up to speed with current classical liberal issues in general.

So it was a great meeting again, And for all you young scholars out there: if you are interested make sure to regularly check the MPS website (www.montpelerin.org) to see if there are opportunities to participate in one of the upcoming meetings.

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Precios inflacionarios en la industria farmacéutica global

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En Guatemala se impuso la insignificante multa de US$.20,000 a la industria multimillonaria de farmacias que venden medicamentos con altos porcentajes de descuentos. Este caso es uno más de cientos que tienen lugar en los países en vías de desarrollo.  Estudios que explican las razones por las cuales se paga más por medicamentos en países en vías de desarrollo han sido publicados y luego, ignorados por el Establishment.  Al centro de la discusión deberían de estar los criterios utilizados por la industria farmacéutica para establecer los precios de sus productos.  Empezando por acá se podría corregir errores elementales como los que pueden leer en la imagen de esta noticia publicada el día de hoy en el diario Prensa Libre titulado “Descuentos en medicinas no son reales“.

Los burócratas en esta nota aducen que “los descuentos no son reales” y por lo tanto piden al gobierno que legislé sobre los precios a los medicamentos con el establecimiento de controles.

Desafortunadamente, una legislación de control de precios no funcionará. Los descuentos son reales, existen, se aplican sobre un precio establecido según las reglas del mercado estipuladas por lo que existe en el mercado (oferta controlada por la industria farmacéutica global + oferta regulada por una grupos de lobby locales) y por lo que están dispuestos a pagar los consumidores (demanda) por estos productos que de “precios de libre mercado” tienen solamente el nombre.

Se puede hacer algo acaso para (rescatar) esta industria de las garras de las grandes corporaciones y permitir que los precios sean establecidos según las reglas del libre mercado?

Sí, la solución es sencilla pero relativamente imposible. El establecimiento de precios inflacionarios sobre industrias controladas por una pequeña elite capitalista en el pseudo “libre mercado global” es el resultado de que estas industrias estén protegidas por privilegios en los países desarrollados. Es allá, en el norte global donde los primeros pasos de nuestra solución se hayan. Destruye la raíz de los problemas y es muy difícil que la mala hierba vuelva a crecer.  Para esto es necesario comprender las razones por las cuales la postura neoclasica de considerar este tipo de problemas desde el punto de vista de “fluctuaciones en las reglas de la oferta y la demanda” es incompleto y no integra la complejidad de las sociedades de economías corporativistas y patrimonialistas en ausencia del de estado de derecho y/o en la existencia de economías mixtas que favorecen a grupos de interés.

Lo que la nota de este periódico muestra es lamentablemente el final de la cadena de malas decisiones económicas que existen en todas las industrias de nuestros estados naciones hoy en día.  Lo que hacen las empresas de venta minorista es una copia en pequeño de lo que acostumbran hacer las industrias farmacéuticas globales.

La estrategia de imponer precios artificiales a través de acuerdos corporativos globales que fueron inspirados en los precios de monopolio a la antigua usanza del estado-nación continúan y solamente se transforman en nuevas estrategias comerciales conforme la economía se ha ido integrando cada vez más.  Se ha incrementado controlando monopólicamente el mercado global y  distorsionando ‘efectivamente’ los precios para inducir precios inflacionarios.

La crítica y solución debe dirigirse a cuestionar el actual modelo de  economía política que rige y en cuestionar las condiciones del actual dominio del capital financiero corporativista, la  crisis estructural del capitalismo corporativista y la crisis ‘artificial con los controles de oferta y aumento de precios que continúan imponiendo las industrias globales de la provisión de energía y alimentos.

Ya ven como la única solución de este problema es sencilla pero casi imposible? O quizás se pueda solucionar más fácil de lo que pensábamos?

Genocidio(s) y modernidades múltiples

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La tipificación del delito de genocidio por el derecho internacional -occidental y dominante- en Guatemala es un delito que comprende los actos de

“quien con el propósito de destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso efectuare cualquiera de los siguientes hechos: 1.- Muerte de miembros del grupo. 2.- Lesión que afecte gravemente a la integridad física o mental de miembros del grupo. 3.- Sometimiento del grupo o de miembros del mismo a condiciones de existencia que pueda producir su destrucción física, total o parcial. 4.- Desplazamiento compulsivo de niños o adultos del grupo. 5.- Medidas destinadas a esterilizar a miembros del grupo o de cualquiera otra manera de impedir su reproducción.”

Este delito sin embargo ha sido sujeto a interpretaciones por distintos grupos que buscan adaptarlo al contexto histórico, social, político y económico de los distintos pueblos y naciones, y de las distintas posturas -emic o etic- de estudio del mismo.  Así, algunos autores explican que el genocidio no es una definición legal hegemónica, occidentalizada y dominante no sujeta a distintas lecturas sino que es un término construido por un pueblo -el dominante occidental- para historicizar eventos del pasado y que, el mismo, puede y debe ser denunciado -del inglés contested- por las víctimas y pueblos no hegemónicos.   Resultando así, en que esta definición pueda y deba estar sujeta a distintas evaluaciones del delito por las víctimas, por sus ejecutores, por sus historiadores -emic y etic- y por sus juzgadores -emic y etic-.  Así, dependiendo del sujeto que lo evalúa y/o de las víctimas cualquier acto podría ser o no juzgado como un delito de genocidio en contra de pueblos y naciones minoritarias y no hegemónicas.  En cierta manera, esta fue la postura tomada por los compiladores del informe de la Memoria del Silencio de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) y finalmente, constatada  el viernes pasado, 10 de mayor de 2013, con la histórica sentencia que emitió el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo contra Ríos Montt, de 86 años, responsabilizandolo por la matanza de 1 mil 771 indígenas durante su régimen de facto entre 1982 y 1983.

Así, unos argumentan, las estrategias de guerra empleadas en la lucha armada contra un grupo de insurgentes por el ejército de Guatemala fueron percibidos por sus víctimas colaterales (poblaciones indígenas de la región Mesoamericana) como actos de destrucción parcial de la sociedad y del tejido sociocultural de la identidad de esos pueblos indígenas y que, por lo tanto, los líderes de esta lucha contrainsurgente podrían ser -y fueron- acusados del delito de genocidio.

Es mi opinión como historiador que la sentencia del tribunal sería pertinente y válida si este delito se refiriese a los actos de “(…) destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso efectuare cualquiera de los siguientes hechos: 1.- Muerte de miembros del grupo. 2.- Lesión que afecte gravemente a la integridad física o mental de miembros del grupo. 3.- Sometimiento del grupo o de miembros del mismo a condiciones de existencia que pueda producir su destrucción física, total o parcial. 4.- Desplazamiento compulsivo de niños o adultos del grupo. 5.- Medidas destinadas a esterilizar a miembros del grupo o de cualquiera otra manera de impedir su reproducción.

Sin embargo, el delito de genocidio se refiere a la intención del acusado de actuar con la idea preconcebida de “(…) destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso (…)”.  A pesar de que existen evidencias de violaciones y crímenes de lesa humanidad, las mismas no presentan evidencias concretas de que existiera un acto intencionado de cometer genocidio y el delito aún no ha sido demostrado dejando a un lado de la discusión (hasta el momento más polémica que honesta discusión)  los crímenes de lesa humanidad -masacres, violaciones y torturas, entre otros- que sí se cometieron y que podrían quedar invalidados si la sentencia del tribunal fuera impugnada.

La historia viene en distintas formas y tamaños; no debemos de confundir la vasija -la historia- con su contenido -las historias-, aún cuando la vasija misma sea la que le da la forma al contenido.  El Contenido que se forma debido a los distintos procesos de transmisión y comunicación -social- que predeterminan lo que se puede conocer -los hechos históricos- y/o sobre cómo el contenido es seleccionado -historizado- para su estudio y entendimiento por los actores pueden y deben ser sujetas a ser denunciadas.  Esto no implica que, a la vez, todo sea relativo al contexto y sujeto estudiados y, por lo tanto, no tengamos definiciones concretas para términos en situaciones como esta.

Sin duda, este no es un tema sencillo y queda aún muchísimo por discutir y aprender.

El grave error del libertarianismo guatemalteco en el juicio contra el ex-dictador Efraín Ríos Montt

Justicia

El presente artículo busca conversar con un grupo específico de personas: libertarios y/o simpatizantes con las ideas libertarias que han tomado una postura pública en defensa de los generales Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez, acusados de los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad durante los años 1982-83 en Guatemala quienes no han dicho, también, y con el mismo peso en sus artículos impresos, entrevistas y demás presentaciones públicas que exigen se haga justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra civiles durante el gobierno de facto de estos militares y por los crímenes cometidos durante los 36 años de conflicto armado por el ejército y la guerrilla. Continue reading