Plebiscito: la solución para los problemas de Nicolás Maduro

Foto: Reuters

El día de ayer el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, envió  un duro mensaje a los opositores que desde hace mes y medio fueron a las calles a exigir cambios en el gobierno y los culpó de la crisis social que sufre el país. “Fascistas, uno por uno los voy a capturar, uno por uno voy por ustedes”, sentenció Maduro, y afirmó que todos estos grupos “le verán la cara a la ley”.

Pero en realidad no hay nada de “fascismo” en las ideas y reclamos de los líderes y en los cientos de opositores al gobierno bolivariano que hasta el día de hoy continúan protestando. El fascismo es una ideología política que busca instaurar el corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista que regule la vida de los ciudadanos. El fascismo es también una ideología que propone la sumisión del individuo ante un ferviente interés nacionalista y universalista en el que no hay divisiones ideológicas y políticas de izquierda, derecha, etcetera y que condena a todos aquellos que se oponen al mismo. Pero, nada de lo anterior es parte de lo que han dicho en la televisión los manifestaste que aún están en las calles venezolanas.  Es más, ¿acaso la República Bolivariana de Venezuela no es todo lo anterior según lo han demostrado sus violentas acciones represivas?

Desde mi visión minarquista liberal sí lo es.  El interés individual de los ciudadanos venezolanos ha sido puesto en sumisión al interés bolivariano de la república que fundó el ya fallecido Hugo Chávez.  Además, el gobierno bolivariano de Chávez y de Maduro en repetidas ocasiones ha negado tener una posición específica en el espectro político de izquierda y derecha, y ha volcado esta discusión al espectro de la lucha constante que debe sufrir el nacionalismo bolivariano ante la amenaza imperialista de los Estados Unidos de América y de sus títeres en otros gobiernos latinoamericanos.  Maduro ha insistido que esta manifestación es producto de una campaña imperialista de parte de los Estados Unidos en contra de su gobierno democrático.

¿Cómo es entonces que Nicolás Maduro acusa de fascistas a los opositores del mismo sistema e ideología que me parece él y su partido han establecido en Venezuela?  y  ¿qué podría el liderazgo manifestante aprovechar de la postura del Presidente Maduro?

Al llamar a la oposición “fascista”, Maduro implica que su gobierno es el antónimo del fascismo y el antónimo del fascismo es la democracia.

Sin duda, el gobierno de Maduro fue electo con mecanismos democráticos y este mecanismo legitimó su gobierno. Sí, su gobierno fue electo mediante una democracia representativa nos guste o no.  Punto y final.

Pero también es uno de los principios de cualquier gobierno democrático y representativo que, en ocasiones, los mismos pueden ser criticados cuando los los líderes han estado en el poder por mucho tiempo.  Existen mecanismos democráticos para resolver estos problemas y Maduro insiste en ignorarlos mientras pone en riesgo la vida de los ciudadanos a quienes prometió defender cuando ganó las elecciones.  Maduro olvida o ignora que una característica que suele acompañar a las democracias es el derecho de sus ciudadanos a opinar distinto y sin temor de ser enviado a prisión por sus ideas.  Cuando un grupo amplio de la sociedad insiste en que es necesario confirmar la legitimidad de un gobierno se pueden tomar muchas acciones que no son necesariamente la represión y la amenaza del uso de la fuerza policial.  Así, una decisión consistente con la democracia de un líder democrático debería de ser utilizar uno de los mecanismos de la Democracia.  El mecanismo idóneo para esta situación de inestabilidad se llama Plebiscito o más específico, un referéndum consultivo.  Al realizar un referéndum, el Presidente Maduro podrá consultar a los venezolanos que lo eligieron si están de acuerdo con que el continúe gobernando y fortalecerá la legitimidad de su gobierno con el pueblo venezolano.

Al inicio de las manifestaciones que ya han costado la vida de varios ciudadanos venezolanos, los reclamos eran la escasez de productos básicos, los altos índices de criminalidad y los reportes de violaciones a los derechos humanos que han manchado el gobierno de Nicolás Maduro. El Presidente Maduro es la única persona con el poder de evitar que una sola gota más de sangre inocente sea derramada.

Si el Presidente Maduro es en realidad un líder democrático permitirá que cualquier opinión, por muy débil o pequeña que sea,  sea considerada no una amenaza fascista sino un sentimiento de inconformidad válido de discutir.  En las manos del Presidente Maduro está que su gobierno sea recordado como  el de un absolutista del corte “L’État, c’est moi” o como un demócrata forjador de la Libertad y la Democracia en imitación del gran líder Nelson Mandela. Ojalá y la palabra referéndum empiece a sonar más y más en las próximas semanas para que la paz regrese al vecino país sudamericano.

Please keep it civil

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